El descanso regular es clave para el desarrollo cerebral juvenil, pero decae con la edad, el 90% de los niños de 5 a 10 años mantiene un horario estable frente al 77% de los adolescentes de 14 a 17, por lo que en vacaciones se recomienda limitar el uso de pantallas.
El cuidado del cerebro no comienza en la adultez, se construye desde la infancia. Durante los primeros 20 años de vida, este atraviesa etapas de desarrollo en las que se fortalecen conexiones neuronales que definirán la capacidad de aprender, regular las emociones y adaptarse. En ese proceso, un factor determinante es el sueño: mientras los niños duermen, el órgano consolida la memoria, madura sus circuitos y equilibra lo afectivo.
Las vacaciones son el periodo en que este pilar se pone a prueba: niños y adolescentes se acuestan más tarde, despiertan a horas irregulares y pasan más tiempo frente a pantallas. Según un reporte del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de Estados Unidos (NCHS), publicado en 2026, el 90% de los infantes de 5 a 10 años mantiene una hora regular para dormir, cifra que cae al 77% entre jóvenes de 14 a 17 años. Ana María Cevallos, pediatra de la Clínica Internacional, explica por qué proteger el descanso en esta época es resguardar la mente en formación.

“Hablar de salud cerebral en la infancia es abordar hábitos, y el sueño es el más importante de todos. No es una pausa: se trata de un proceso en el que la mente se construye a sí misma. Durante el receso escolar, el objetivo es evitar que la rutina de descanso se desordene por completo”, señala.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos recomiendan de 10 a 13 horas de descanso en preescolares, de 9 a 12 horas entre los 6 y 12 años y de 8 a 10 horas en adolescentes. Pero la cantidad no basta: el organismo regula el sueño mediante ritmos circadianos que dependen de horarios estables y la exposición a la luz.
Cuando los horarios cambian drásticamente en vacaciones, se produce un desfase similar al de un viaje entre husos horarios, lo cual puede reflejarse en irritabilidad y falta de atención. Un estudio publicado en 2025 por Sleep Medicine, que siguió a más de 200 jóvenes, identificó que las rutinas inconsistentes son una de las principales barreras para un buen descanso.
Un análisis realizado por JAMA Pediatrics encontró que el momento más crítico ocurre cuando los dispositivos se utilizan dentro de la cama. Cada 10 minutos adicionales de pantalla se asociaron con una reducción del tiempo total de reposo; el efecto se triplicó con videojuegos y llegó a restar más de media hora de sueño al usar múltiples aparatos.
“Estas actividades mantienen al cerebro en estado de alerta y retrasan el inicio del sueño, alterando el reloj biológico”, advierte la especialista de la Clínica Internacional.
Recomendaciones para cuidar el cerebro en vacaciones:
- Mantener horarios de acostarse y despertarse estables, con variaciones máximas de una hora.
- Conservar una rutina previa a la hora de dormir.
- Evitar el uso de pantallas dentro de la cama, especialmente videojuegos.
- Fomentar actividad física y exposición a luz natural durante el día.
- Retomar gradualmente los horarios escolares durante la última semana de descanso.

“Cuando un niño duerme mal, está más irritable, le cuesta concentrarse y rinde menos. Si presenta somnolencia excesiva, dificultad persistente para conciliar el sueño o ronquidos frecuentes, es recomendable una evaluación médica, porque puede existir un trastorno en el descanso”, añade Cevallos.
La salud cerebral se construye todos los días. Proteger el descanso, mantener rutinas y regular el uso de pantallas son decisiones cotidianas que marcan la diferencia en el aprendizaje y el equilibrio emocional de niños y adolescentes.

